El Día Insular de la Artesanía destaca la labor de tres mujeres especializadas en el trabajo de la hoja de palma
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El presidente Pedro Martín recordó que “la distinción a Amalia Negrón, Agustina Jiménez y a Carmelina Brito representa la perseverancia y la labor callada durante años entregados a una profesión tradicional”

El presidente del Cabildo de Tenerife, Pedro Martín, ha hecho entrega hoy, en el Salón Noble de la institución insular, el homenaje de la isla de Tenerife a las personas que han dedicado su vida a la artesanía, recayendo este año en tres mujeres trabajadoras de la hoja de la palmera, especializadas en el arte de la sombrerería tradicional. Amalia Negrón Manrique, Carmelina Brito Romero y Agustina Jiménez Dorta han recibido, de manos del presidente Pedro Martín, una distinción por su trayectoria a lo largo de toda una vida. En el acto, junto a las familias de las homenajeadas, participó también la consejera del área de Empleo, Desarrollo Socioeconómico y Acción Exterior, Carmen Luz Baso y los representantes de los grupos políticos del Cabildo, María José Belda, del grupo Sí Podemos, Efraín Medina  de Coalición Canaria y Zaida González del Partido Popular

Estas tres mujeres son las representes vivas de una profesión artesana considerada por el Gobierno de Canarias como actividad en peligro de desaparición. En el acto participaron, además del presidente Pedro Martín, la consejera de Empleo, Desarrollo Socioeconómico y Acción Exterior, Carmen Luz Baso, la directora insular de Desarrollo Socioeconómico, Ermitas Moreira, además de miembros de la corporación insular.

“El valor del esfuerzo que dedicaron, el tesón, lo que hacían con sus manos, casi sin saberlo era una contribución al patrimonio cultural de los y las tinerfeñas, y de toda Canarias”, indicó el presidente Pedro Martín quien añadió que “este trabajo de sombreros podremos verlo en cualquier parte del mundo, pero no como este, les agradezco, como presidente del Cabildo ese esfuerzo, ese trabajo y ese patrimonio que nos han legado, ojalá seamos capaces de recoger loque nos entregan y seguir poniéndolo en valor para las próximas generaciones”, y concluyó diciendo “será terrible, una torpeza infinita, olvidarnos de lo que ustedes nos han dejado”.

Por su parte, la consejera insular de Empleo, Desarrollo Socioeconómico y Acción Exterior, Carmen Luz Baso, apuntó que “en el Cabildo de Tenerife somos conscientes del valor de cada uno de los objetos que son terminados en los talleres de las artesanas y artesanos, por ello apostamos fuertemente por que este acervo se mantenga, se promocione y se difunda”, y añadió que “lo hacemos a través de un contacto cercano con todas ellas y ellos, con talleres en los colegios, con ferias y exposiciones y con galardones que homenajean la trayectoria y el desarrollo vital de estas personas que dedicaron su vida entera a aquello que aprendieron, en muchas ocasiones siendo niños y niñas, y fueron consolidando a lo largo del pasar de sus vidas.”

Las tres premiadas, bastante emocionadas, agradecieron con emocionantes palabras la entrega de esta distinción recordando su trayectoria y las vicisitudes de tantos años dedicadas a la profesión artesana.

Amalia Negrón Manrique, nació en 1936 y residente en el barrio de Taganana. Se especializó desde su juventud en la confección de los sombreros de palma para hombre y mujer, usados principalmente para el trabajo en el campo. Durante varias décadas fue la encargada del único teléfono del barrio, aprovechando las horas muertas en seguir trabajando la palma. Nunca abandonó Taganana.

Carmelina Brito Romero, nació en 1948, también en Taganana y vivió allí hasta el año 1977 que en pasó a residir en Santa Cruz. Fue a raíz de un encargo particular para la reproducción de un sombrero tradicional antiguo cuando tuvo que enfrentarse a trenzar 11 hebras de palmito de un ancho de pocos milímetros. En la década de los ochenta empezó a asistir a las ferias de artesanía, siendo la primera la celebrada en el Parque García Sanabria.

Agustina Jiménez Dorta nació en Masca, Buenavista del Norte, en 1943, aprendiendo con su madre el trabajo de las esteras y escobas y, un poco más tarde, con una amiga la confección de sombreros y pamelas más usadas en las faenas agrícolas. En el año 1975 pasa a residir en el municipio de Icod de los Vinos. Sus primeras experiencias feriales tuvieron lugar en las celebradas Ferias de La Guancha a comienzos de los ochenta.