Lo que no es el canarismo
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Ya por una deficiente explicación del concepto, asociada a su momento germinal, ya por pereza intelectual de quienes empiezan a incorporarlo a su lenguaje cotidiano, demasiadas veces aparece el canarismo retratado como lo que no es. En su sencillez parece estar su complejidad.

El canarismo no es la segunda división del nacionalismo, una suerte de versión descafeinada de la ideología nacionalista, a la que arrimarnos por puro oportunismo ante la constatación de lo ambicioso de los objetivos de la construcción nacional. En el canarismo hay nacionalistas pero no todos los canaristas son nacionalistas puesto que también los hay autonomistas, federalistas, autodeterministas, regionalistas, insularistas no fratricidas, etc. Tampoco ser nacionalista equivale a pertenecer a ninguna raza superior. En ningún texto sagrado está escrito que sea mejor ser nacionalista que no serlo o que ser autonomista, etc. No deja de ser una ideología que, particularmente en Canarias, ha tenido menos recorrido del que se ha solido admitir. Ser nacionalista no me obliga a mentir a este respecto.

El canarismo tampoco es un cajón de sastre, un rebumbio donde quepa todo y especialmente aquellos elementos que han sido desechados de las opciones estatales y que creen encontrar un espacio ideológico donde no van a tener que rendir cuentas. El canarismo no debe ser un refugio para la indefinición y el chalaneo. El canarismo no es un arma arrojadiza entre canaristas, a ver quién es más puro y sigue más al pie de la letra los preceptos de algo que, por otra parte, está por construir. Tampoco es el canarismo una barrera infranqueable que sirva sobre todo para encerrarnos a nosotros mismos dentro de sus límites. Es bien sabido que las ideologías sirven también para cohesionar y dotar de identidad a un grupo, pero si sólo sirven para eso, tal vez convenga replantearse su utilidad. Especialmente si se tiene la sospecha de que son utilizadas más como muralla que como puente.

Aunque el canarismo admite apellidos (liberal, conservador, progresista, radical, etc., en el eje derecha-izquierda; regionalista, autonomista, federalista, separatista, autodeterminista, etc., en el eje Canarias-Estado), no por ello pierde su sentido de término englobador y aglutinador más allá de los matices y las legítimas diferencias, puesto que ésta es casi su más fundamental razón de ser. Por encima de la teatralización de la diferencia, la política como el arte del acuerdo.

El canarismo tampoco es la canariedad, aunque deba tener vínculos muy fuertes con ella. No siempre se ha comprendido esto. La canariedad es la identidad cultural del pueblo canario, que tiene como máxima celebración oficial el 30 de mayo. El canarismo es un espacio sociopolítico y también una categoría de análisis, que debe tener como máxima celebración comunitaria el 22 de octubre. La canariedad es patrimonio de todo nuestro pueblo mientras que el canarismo es un espacio de referencia ideológica que se expresa en más partidos de los estrictamente necesarios.  Ni los canaristas pueden patrimonializar la canariedad ni renegar de ella para diluirse en el panorama político.

Sirva este puñado de ideas deslavazadas para contribuir a perfilar los contornos de un concepto que, si merece tener algún recorrido, es por que contribuya a mejor describir nuestra realidad y ayudar a transformarla en beneficio de las amplias mayorías sociales canarias.

* José Miguel Martín es Coordinador de Canarismo y Democracia.