Autonomía y soberanía
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La próxima convención del cuasi-centenario Partido Nacionalista Canario y que lleva por lema “¿Autonomía o soberanía?” ha venido a animar el normalmente apático debate canarista, si es que tal cosa existe. En estos días, hemos conocido sendos artículos de Juan Manuel García Ramos, presidente del partido, y de Paulino Rivero, ex presidente del Gobierno de Canarias. Ambas son voces reconocidas y autorizadas para impulsar una discusión así. Siempre es de agradecer que bajen al terrero. Casi se siente uno un intruso terciando de esta manera sin embargo creo que es necesario, por otra parte, no seguir profundizando en lo que considero un error de planteamiento: presentar autonomía y soberanía como dos proyectos excluyentes y hasta enfrentados puede, tal vez, funcionar como ejercicio teórico pero sirve mal al propósito de retratar al canarismo realmente existente y a la actual sociedad canaria.

En primer lugar, como de alguna manera se apunta en el artículo de Paulino Rivero, el debate es directamente inexistente, al igual que tantos otros que se deberían tener y no se tienen. Hay que saludar el esfuerzo de una convención que nace con un objetivo loable y desear que cunda el ejemplo pero, a día de hoy, es forzoso reconocer que la inmensa mayoría de los canaristas se ocupan de temas más mundanos. Ya estén en labores de gestión o en la oposición, abunda más una mirada “a pie de obra” que forzosamente está incompleta sin el necesario debate político e ideológico.

En segundo lugar, los partidos canaristas son, clara y rotundamente, autonomistas, por más nacionalistas que se declaren. Actúan en ese marco, viven de él y no conciben, más allá de alguna tímida declaración, otro escenario diferente. No ejercen políticas para la superación de dicho marco. No les culpo. Así es también la inmensa mayoría de la sociedad canaria, poco amiga de sobresaltos y poco proclive al esfuerzo imaginativo al que aludía Benedict Anderson. Plantear que existe una disyuntiva así en el seno de los partidos no es realista, más allá de las excepciones honrosas que siempre puede haber.

Por último, enfrentar autonomía y soberanía es también un error porque no son argumentos disyuntivos sino un mismo camino que se intensifica o no en función de las condiciones históricas, objetivas y subjetivas, que en cada momento se den. Los autonomistas de hoy pueden ser los soberanistas de mañana si se convencen de que hay buenas razones para ello en un escenario determinado. Así suele suceder en todos los movimientos nacionales conocidos. No estamos en un momento de bifurcación sino de necesaria confluencia en el que el canarismo debe aspirar a reunir todas las sensibilidades y tendencias en torno a un partido de amplio espectro que recupere la centralidad hegemónica. ¿De qué nos puede servir dividirnos en autonomistas y soberanistas, sobre todo cuando la autonomía, nuestro Estatuto, tiene tantas competencias por ser conquistadas y ejercidas?

La sociedad canaria es, lo sabemos, profundamente orgullosa de su canariedad, mayoritariamente expresa una identidad dual con fuerte acento en su identidad propia, huye de extremismos y del dramatismo político. Apoya fuertemente la idea de que los partidos canaristas son los que mejor defienden a Canarias en Madrid y prefiere verlos unidos que separados. Cuanto antes comprendan y asimilen sin complejos nuestros políticos canaristas estas ideas tan sencillas, rehuyendo falsas contradicciones, antes estaremos preparados para que una fuerza política de estricta obediencia canaria vuelva a emprender un ciclo de desarrollo de nuestro autogobierno y nuestra calidad de vida como el que dio inicio allá por 1993.

* Josemi Martín es miembro de Canarismo y Democracia.