El ataque de Eros
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Los sábados empiezan cuando se sirve el café en la terraza del barrio. Se exprimen pequeñas alegrías en este circuito de incertidumbres que va de las vacunas a los contagios, sin más novedades que una ciudad a la deriva y el humor frágil de los camareros. Por eso la calma matinal invita a un cierto relajo, a contestar los mensajes de los amigos, a pequeñas confidencias cruzadas a la luz de los teléfonos móviles. Y si uno de los tuyos te avisa de que se equivocó al mandarte un SMS con un código y pide que se le remitas de forma urgente, pues qué vas a hacer… Pantallazo y reenvío por el Whatsapp.

Pues con esa inocentada tecnológica, lo que iba a ser un día en la playa derivó en una jornada sin plástico, una larga comparecencia en la comisaría y el cordón telefónico con el mundo enredado en las antenas de todos los contactos de la agenda. A eso hay que sumar la cara de tonto que se le queda al usuario ya advertido. Ya saben la de expertos que circulan por las calles, capaces de   diferenciar las estructura molecular de las vacunas con el mismo afán que cuestionan la alineación del equipo que va a ganar la Liga. Son esos que al verte en el charco se suben al estrado, para recordarte que nunca debes responder a mensajes extraños por muy conocido que sea el mensajero. Ilustrado con el último video de la factoría de su cuñado. 

Al apretar un botón del teléfono puedes llamar a un pariente, encargar comida, pagar una deuda, comprarte una vaca o simplemente desatar el caos. Basta con acertar en la tecla equivocada, por hacerle un favor al colega. Y sin que nadie se percate otro asume el mando, se instala en tu perfil, mantiene tu nombre y la foto en la fachada pero desvía la línea a un número con prefijo de Turquía, y empieza a dar instrucciones, a cambiar las condiciones de los grupos de contacto, a saquear la confianza en las nuevas tecnologías. En diez minutos se completa el asalto del turco, que se hace llamar Eros Bonaparte y no se esconde. Manda un mensaje de voz, saluda desde la impunidad del ciberespacio, y añade aliados con prefijos de Serbia y Rusia. 

Parece una tontería, pero el ataque masivo a cuentas de Whatsapp este fin de semana en Canarias evidencia el alcance de una mano invisible. O simplemente, demuestra que ya no se puede desayunar tranquilo, porque un pirata navega con tu cuenta por los mares del desatino. 

Publicado en el blog personal de Gonzalo H. Martel, Lunes en África: https://lunesenafrica.blogspot.com/2021/04/el-ataque-de-eros.html?m=1

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